Alondra era dulce cuando quería y toda una perra si así lo deseaba. Podía hacer reír y hacer llorar a las personas. Tenía ese don, de causar siempre algún efecto. 'Manipuladora' le gritaba su mamá cuando miraba de tal manera a su padre que este le daba el billete más grande que tenía en el bolsillo.
Alondra no lo veía de esa manera. Para ella era su naturaleza. Una naturaleza camaleónica, de actriz principal. Podía interpretar varios papeles. Eso la hacía sentir poderosa.
Muchas noches se echaba en su cama a mirar el techo con las luces apagadas. Al principio no veía nada, pero poco a poco lograba ver las manchas de pintura mal ditribuída del techo. Por partes blanco grisáceo. Por partes simplemente blanco. Escuchaba las conversaciones de sus papás. A veces discutían, otras hacían el amor. Esperaba a que se durmieran. Prendía un cigarro y se pintaba los labios. Le encantaba dejar huellas rojas en la colilla del tabaco. Recordaba su día con una sonrisa gigante mientras botaba el humo del Marlboro. Los gestos que había puesto ese día, las sonrisas, los ojos tristes, hasta las lágrimas que le salían. Cada detalle lo repasaba como si lo estuviera volviendo a vivir. Cuando acababa el cigarro, prendía la luz de su cuarto. Se miraba al espejo fijamente. Se sentía ridícula. Se despintaba los labios y se iba a dormir.
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