Él era muy chiquito. Tenía solo siete años, unos cachetes regordetes y una mirada tan dulce y calma como ningún niño de su edad. Cuando sus tíos iban a visitar a sus papás, le preguntaban: Luchito, qué quieres ser de grande?
Él les respondía: ya soy grande, pero sí seré adulto algún día. Me gustaría ser veterinario.
Luis era el menor de cuantro hermanos: dos mujeres y dos hombres. Siempre había sido el más callado, el más sensible y el menos parecido físicamente a sus hermanos. Todos eran delgados, de extremidades largas y aspecto europeo. Él era todo lo opuesto.
Luis no era tonto y se daba cuenta de lo que pasaba, de las diferencias. Se veía diferente y se sentía diferente.
Él era tomado como un niño que todavía no tenía la edad suficiente para dar una buena opinión.
Luis escuchaba los problemas de los mayores a escondidas y trataba de intervenir, pero no le prestaban mucha atención a lo que tenía para decir. Se hacían los sordos, lo mandaban a callar o a su cuarto.
Él se había convertido en todo un observador. Descifraba cada movimiento, cada gesto de su familia. Había visto que su mamá hablaba con sus hermanos muchas veces con los ojos llorosos. Sabía que ella estaba sufriendo y que poco a poco se estaba convirtiendo en un muerto viviente; sus ojos ya no reflejaban la dulzura que los caracterizaba desde su juventud.
Constantemente, conversaba con sus hermanos y esta vez no era la excepción. Su mamá les explicaba con mucho detenimiento que su papá estaba muy serio y desganado un día y al otro era muy atento y cariñoso. Con la mirada perdida en sus manos femeninas y pálidas como la mayor parte de su cuerpo, les explicaba lo difícil que era su situación. Ella dijo que sentía que él ya no la amaba y que había algo que no le estaba contando. Estaba devastada y Luis solo quería abrazarla y decirle que todo estaría bien, que papá no la dejaría por esa nueva mujer. Luis estaba apunto de intervenir en el monólogo y cachetear a sus hermanos que no le estaban prestando la atención que su mamá merecía.
Luis sabía el por qué del comportamiento de su papá. Varias noches, lo había escuchado hablar con una mujer a la que le decía "mi amor" No lo veía feliz desde hace mucho tiempo así que decidió mantenerlo en secreto
Esa vez, Luchito también quiso intervenir en la situación, pero el hermano mayor de los cuatro lo mandó a callar y su mamá con un gesto de desaprobación le dijo: anda a dormir. Mañana tienes que ir al colegio temprano.
Luis obedeció. Les dijo buenas noches y se fue ,cerrando su puerta atrás de él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario