domingo, 24 de junio de 2012

No me gustan los tacones

"Por qué no eres más femenina?" eran las palabras que iban y venían en la cabeza de Andrea, pregunta que había dicho su mamá, pregunta que no podía responder.

Andrea salió de su casa golpeando la puerta con mucha fuerza. Su mamá le gritó algo, pero ella hizo como si no hubiera escuchado.
Caminó hacia el parque que estaba a la vuelta de su casa y que muchas veces le había servido para desahogarse, para pensar. Prendió un cigarro. Vió a una pareja besándose en una banca y envidió su felicidad. Siguió caminando.

Andrea no sabía por qué sus mejores amigos eran hombres, por qué repudiaba las faldas y los tacones y por qué desde pequeña había disfrutado más jugar con carritos que con muñecas.
Su mamá no la entendía y ella tampoco se entendía a sí misma.
Vio dos palomas volando muy cerca a un niño. Él saltó tratando de coger alguna, pero no pudo. Muy pronto, se olvidó de esas aves plomizas y cogió su pequeño scooter. Era un niño muy bonito de esos que salen en los catálogos de ropa. Tendría como unos siete años y se veía que era un niño feliz. Su nana lo llamó por su nombre. Se llamaba Luca. Sus enormes y tiernos ojos voltearon a ver a su nana.
Andrea prendió otro cigarro y el niño volteó a verla. Ella le sonrió y él la saludó mientras se alejaba de la mano de su nana.

Por unos segundos, Andrea se había olvidado de su personalidad poco femenina. Aspiró la primera bocanada de humo de su segundo cigarro y recordó lentamente por qué estaba sentada en esa banca con los ojos llorosos.

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